Hace unos días, la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN en sus siglas en inglés) daba a conocer su estudio referido a 2017, en el que apuntaba que Extremadura tiene una tasa de riesgo de pobreza y exclusión del 44,8%. Esto querría decir que hay más de 478.000 extremeños en esa situación.

Rápidamente, todos los medios (y no digamos las redes sociales) se hicieron eco del dato: casi la mitad de la población de la región estaba en riesgo de pobreza. Demoledor, pero ¿realmente es así?

Nadie niega que la crisis llevó a muchas personas a situación límite, especialmente a las clases medias, que, de pronto vieron brutalmente recortados sus ingresos, y encima con el agravante de haber adquirido en muchos casos compromisos de pago vía crédito que ahora no podían afrontar.

Pero el informe de EAPN recoge algunos datos sobre los que vale la pena, al menos, reflexionar para cuestionarse si la situación es como se pinta.

El primer dato llamativo es que, según el informe, la tasa de pobreza habría crecido en Extremadura 8,5 puntos en un solo año. Es decir, la región sumó 90.000 pobres de golpe y porrazo. ¿Qué desastre, que crisis extrema ha ocurrido para que en un año se sumen 90.000 pobres? Que se sepa, ninguno, al contrario, la economía, el empleo, el consumo, han ido creciendo en los últimos años tras tocar fondo hace cinco o seis.

El segundo es precisamente la cifra bruta que da el informe: 478.000 pobres, es decir, casi la mitad de la población. Y es que uno sale a la calle y no tiene la sensación de que la mitad de sus vecinos sean pobres. Es una apreciación subjetiva, cierto, pero creo que si la mitad de nuestros conciudadanos fuesen pobres lo notaríamos.

El tercero es que ni en los años más extremos de la crisis, 2012-2013, cuando el paro superaba el 30% en Extremadura se dieron esas cifras de pobreza. De hecho, en esos años la tasa de pobreza era casi diez puntos inferior a la actual.

DATOS QUE NO CASAN

Pero, además del dato global llamativo por el brutal incremento de la pobreza en solo un año, hay otros que también saltan a la vista.

El primero es el denominado ‘Población BITH’, es decir, personas que viven en hogares con baja intensidad del empleo. Para hallar este índice, se suman todos los miembros del hogar en edad de trabajar, se multiplica por el número de meses que ha trabajado cada uno en un año y se divide entre el número de miembros por 12 meses del año. Si el índice es menor de 0.28, se incluyen como Población BITH.

Pues bien, según el informe de EAPN, el porcentaje de hogares con baja intensidad del empleo no solo no ha subido en 2017 en Extremadura, sino que ha caído en cinco puntos, hasta quedar en el 15,3%. ¿Cómo si sube el número de meses trabajados va a subir la pobreza? Hay quien lo achaca a la mala calidad del empleo, a que los sueldos son bajos pero ¿menos que cobrar el subsidio o no cobrar ni siquiera eso? No parece creíble.

Hay más, cuando el informe analiza la tasa de hogares con dificultades para llegar a fin de mes, resulta que la tasa de hogares que llegan a fin de mes ‘Con mucha dificultad’ ha caído seis puntos y la de los que llegan ‘Con cierta dificultad’ sube solo 2,5 puntos. En la tendencia se ve que la tasa de hogares con dificultades para llegar a fin de mes ha bajado desde 2013 de manera continuada, y acumula 12 puntos de descenso. Si hay menos hogares en dificultades ¿cómo sube la pobreza?

COCHE SÍ, POLLO NO

Otro apartado del informe alude a lo que denomina Carencia Material y Carencia Material Severa.

En él recoge nueve parámetros para medir esta carencia, que son:

1-No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año

2-No puede permitirse una comida de carne, pollo (sic) o pescado al menos cada dos días

3-No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada

4-No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos

5-Ha tenido retrasos en el gasto relacionados con la vivienda principal o en compras a plazos en los últimos 12 meses

7-No puede permitirse disponer de un automóvil

8-No puede permitirse disponer de un televisor

9-No puede permitirse disponer de una lavadora

Antes de analizar, conviene resaltar lo relativo de alguno de estos parámetros, por ejemplo el 3, ya que no se indica qué es ‘mantener la vivienda con una temperatura adecuada’ (¿no puedes tener calefacción o no la puedes tener encendida todo el tiempo que quisieras?), el 4, puesto que marca como gasto imprevisto uno de 650 euros o más, y el 5, ya que no indica si es un mero retraso o la imposibilidad de pagar, aunque parece apuntar a lo primero.

¿Qué sería carencia material? La que se tendría si no se puede hacer frente a tres de los parámetros. Es decir, si usted no puede irse de vacaciones (no dice dónde ni con qué gasto) una semana, se ha retrasado en algún pago (hipoteca, luz, tarjeta de crédito…) o no dispone de un excedente mensual de 650 euros, vive en carencia material.

¿Y carencia material severa? Si son cuatro los parámetros que no puede afrontar. Por ejemplo, si a los tres anteriores le añade que no puede encender la calefacción todo el tiempo que le gustaría o su coche ya no va y no puede comprarse otro.

Veamos ahora que ocurre en Extremadura cuando se hace esta encuesta. De nuevo, los datos llaman la atención:

-La tasa de personas que no pueden irse de vacaciones una semana desciende, pero en cambio, crece espectacularmente la de quienes no pueden comer carne o pescado cada dos días.

-Se dispara la de hogares que no pueden mantener la temperatura adecuada (se multiplica por 2,5) y también sube la de quienes no tienen los 650 euros para hacer frente a gastos imprevistos.

-Cae de manera espectacular (hasta el 0,7%) la tasa de hogares que no pueden permitirse comprar un coche y se mantiene en mínimos la de los que no pueden comprar un ordenador.

-Los otros dos parámetros (lavadora y televisor) no los considera.

Es decir, los extremeños pueden irse de vacaciones, comprar coches y comprar ordenadores, pero en cambio no pueden comer carne o pescado o mantener la temperatura de sus viviendas. No parece muy lógico.

 

¿QUÉ ES LA POBREZA?

Habría que hacerse ahora una pregunta que quizá debería haberse hecho al inicio: ¿qué es la pobreza?

Pues bien, el informe, siguiendo parámetros europeos, considera que hay riesgo de pobreza si la renta del hogar es menos del 60% de la mediana de la renta de toda la población.

La mediana es aquel valor en el que hay tantos hogares por debajo como por encima. Es decir, si en un grupo de 21 personas, 10 de ellas ganan 5.000 euros, una 4.000 euros y las otras 10 ganan 2.000 euros, la mediana serían 4.000 euros. No confundir por tanto con la media, que en este caso sería de 3.500 euros.

Así, aplicando la mediana de la renta, se llegaría a la conclusión que dábamos al inicio, es decir, que más de 478.000 extremeños viven en riesgo de pobreza.

Pero, ¿cuál es el umbral considerado, la mediana? Para este cálculo, la EAPN ha tomado la renta nacional, la del conjunto de España.

Este sistema de medición tiene un primer ‘pero’: si la situación económica general mejora, la mediana sube, y hogares que estaban por encima del umbral pasan a ser pobres sin que haya caído su renta. Lo contrario si la situación económica general empeora.

Pero hay más. ¿Es lógico comparar la renta de los hogares extremeños con la media nacional sin hacer ajustes en paridad de poder de compra, es decir, en capacidad real de consumo? No lo parece: el coste de la vida en Extremadura es más bajo que en otras regiones, y más bajo que la media. Solo dos datos:

-El coste de la vida en Extremadura, medido en índice de precios generales de consumo, está 20 puntos por debajo de la media nacional. Es decir, con menos dinero se pueden comprar más cosas.

-El precio del alquiler de viviendas en Extremadura es un 42% más bajo que la media nacional. Se puede acceder a una vivienda por la mitad de coste.

¿Por qué aludimos al alquiler? Porque también es uno de los costes que se imputan en el informe, con un curioso método: si no se paga alquiler se imputa como coste el alquiler medio nacional (es decir, un 42% más alto que el real).

¿Qué ocurre entonces si aplicamos para calcular el riesgo de pobreza los parámetros de renta regional y no los de renta nacional? La situación cambia drásticamente: ahora ya no son 478.000 extremeños, el 44,8% de la población, los que están en riesgo de pobreza, sino un 16,5%, una diferencia de más de 300.000 personas, y además con una tendencia a la baja desde 2014, mucho más lógica.

Por otro lado, hay un dato que no se ha matizado. Este tipo de índices se ha homologado a la Unión Europea sin tener en cuenta un asunto clave: en la mayoría de países de la UE la gente vive de alquiler (un 70% frente a un 30% que tiene vivienda en propiedad). Sin embargo, en España (y claro está, en Extremadura) la mayor parte de la gente tiene casa en propiedad (un 80% frente al 20% que vive de alquiler). Teniendo un patrimonio, por tanto, de, pongamos, 120.000 euros en un inmueble, difícilmente puede decirse de alguien que es pobre aunque le cueste llegar a fin de mes.

Puede alegarse que si vende la casa no tendría donde vivir. No es así, con los precios de alquiler en Extremadura, con 120.000 euros se podría pagar un piso de 100 metros cuadrados en alquiler durante 25 años, según los precios medios.

UNA ENCUESTA CON MUCHO ERROR

Y llegamos así al último punto, esto es cómo se obtienen los datos de situación de los hogares para medir sus carencias.

El informe indica que se toman 13.000 encuestas en hogares de toda España, pero, ¿cuántas corresponden a Extremadura?

Haciendo un cálculo proporcional, a Extremadura le corresponden 276 encuestas. Esto supone que como en Extremadura hay 419.000 hogares, el margen de error de la encuesta, para un índice de confianza del 95% sería nada menos que del +/-6%. Es decir, el error tiene una horquilla de 12 puntos, a todas luces excesiva para dar validez al sondeo.