Paco Araujo, profesor del colegio San Francisco Javier de Fuente de Cantos, fallecía víctima de un ataque cardíaco hace ahora justo seis meses. Su muerte produjo una gran conmoción, no sólo en la comunidad educativa del centro (siempre estuvo vinculado al colegio, primero como alumno, y después como profesor y jefe de Estudios) sino en toda la población, donde era muy querido por su carácter, su implicación entusiasta en cualquier actividad deportiva, festiva, cultural, etcétera, y su extraordinario sentido del humor.

Hace unos días, con motivo precisamente de su santo, que coincide con la festividad del colegio al que siempre estuvo unido, se le rendía merecido homenaje. No solo fue el recuerdo de su trayectoria, sino además, se quiso simbolizar este vínculo de manera permanente, nominando las instalaciones deportivas del centro con su nombre, esas instalaciones donde, por una paradoja cruel, le sobrevino el ataque que terminó con su vida. Acababa de jugar un partido de fútbol, su gran pasión.

De este modo, Paco Araujo, o Don Paco para sus alumnos que son y que fueron, siempre quedará aquí, simbolizando además los nuevos gestores del centro un deseo de que el colegio vuelva por sus derroteros y se convierta otra vez en referente cultural y social para la población y la comarca.

JUBILACIÓN

Esta ceremonia, emotiva y triste, tuvo su complemento en forma alegre con el homenaje a otra persona, otro maestro, José Rodríguez Pinilla, Pepe Pinilla, que acaba de jubilarse.

También en este caso se trata de una persona que deja huella en el colegio y en el pueblo. Vinculado al colegio desde hace 41 años, desde que recaló en Fuente de Cantos procedente de su Zafra natal. Rodríguez Pinilla no pudo evitar emocionarse al recordar a Paco Araujo, compañero durante tantos años en momentos buenos, y especialmente en los difíciles que le ha tocado vivir a este centro en los últimos años.

Se trata, además, de una persona a la que sus inquietudes culturales le han llevado a implicarse en numerosas iniciativas, desde componer letras para sevillanas isidreras hasta escribir relatos y reseñas históricas o ejercer de actor teatral,  y, como no, presumir de la autoría de la letra del Himno de Extremadura, y recibir la Medalla de Oro de la Asamblea de Extremadura y el premio Caballo-Encina en su décimo primera edición.