Guardadas celosamente en templos y conventos de nuestra comarca, durante siglos se conservan imágenes de gran valía, que podrían compararse con las mayores obras de la imaginería y que en muchos casos pasan desapercibidas por desconocimiento.

Nuestra comarca es rica en este aspecto y tiene características muy peculiares que le dan una personalidad única e irrepetible. Desde el barroco hemos estado entre los dos grandes gigantes de la creación escultórica religiosa, la andaluza y la castellana, lo que nos ha servido para tomar lo mejor de ambos estilos, teniendo grandes ejemplos de ambas escuelas muy cerca.

Comenzando desde el renacimiento, encontramos el mejor ejemplo en la localidad de Montemolín, con su impresionante imagen de Nuestra Señora de la Soledad, a la que podemos vincular al círculo del gran escultor castellano Gaspar Becerra. En ella encontramos un gran ejemplo de la imaginería castellana, con las mejores características de la obra de este autor, que llegó a trabajar para la casa Real, haciendo imágenes para el Convento de las Descalzas Reales, convento en el que llegaron a profesar infantas de la familia Real.

Es de destacar la importancia de este autor solo por el hecho de la relevancia de los mecenas que encargaban sus obras. Continuando con la imagen de la Soledad de Montemolin, existió una Dolorosa en Madrid de características similares a la que nos ocupa, la desaparecida imagen tenía la misma advocación y se encontraba en el convento de la Victoria. Fue tallada por este artista en 1565.

Avanzando en la cronología histórica llegamos hasta mediados del siglo XVII, donde encontramos un gran ejemplo en el Convento de las Carmelitas Descalzas de Fuente de Cantos, con su maravilloso Crucificado de la Misericordia. Se trata de magnifico exponente de la imaginería barroca sevillana y andaluza, en el que se aglutinan las mejores características de la escuela andaluza con una cuidada policromía sobre una talla de gran calidad. En él encontramos los rasgos más singulares de la escuela Roldanesca, de la que existen varios ejemplos en Fuente de Cantos, como son la Virgen de los Dolores y Jesús Nazareno, que aunque algo alterado en su fisonomía original tras una restauración, aún conserva rasgos de buena escuela.

Llegamos hasta el siglo XVIII del que tenemos un valioso ejemplo en Cabeza la vaca, con su portentoso Cristo amarrado a la columna, al que podemos vincular al taller de Hita del Castillo. Estamos ante un gran escultor del que podemos destacar grandes obras de cofradías andaluzas y de la propia ciudad de Sevilla, al que se le atribuye la imagen de la Virgen de la Amargura y documentado a su factura se encuentra el San Juan Evangelista que cada tarde del Domingo de Ramos la acompaña en su impresionante paso de palio.

Una vez llegados al Romanticismo del siglo XIX, no podemos olvidarnos de la genial  imagen de Nuestra Señora de las Angustias de Fuente de Cantos, en la que podemos comprobar el cambio de ideología social que se refleja en el arte en general y en la imaginería en particular: desaparecen por completo la presencia de estofados y aderezos en las imágenes, que ahora se nos muestran mucho más sobrias. Esta imagen, realizada por Antonio Calvó en 1803, reúne las mejores características de la escuela castellana, y los últimos coletazos de la obra de Luis Salvador Carmona, autor del que probablemente aprendió las técnicas de trabajo el escultor de la Virgen de las Angustias.

 

En la actualidad se sigue aumentando el patrimonio artístico comarcal con nuevas obras bastante interesantes, con las nuevas características de la imaginería contemporánea, y que llegarán a ser imágenes de referencia en un futuro. Encontramos ejemplos muy interesantes en Monesterio, en una intervención a una Dolorosa de Esteban Sánchez Rosado, o imágenes de nueva factura como el Resucitado de Fuente de Cantos, obra del sevillano Juan Antonio Blanco Ramos.

Son sólo algunos ejemplos de un patrimonio tan rico como desconocido para la mayoría, y que urge poner en valor.