Hay momentos en los que uno espera de quienes nos gobiernan —y también de quienes aspiran a gobernarnos— algo más que declaraciones, reproches y titulares.
España vuelve a sufrir incendios devastadores. Se queman nuestros montes, nuestro patrimonio natural, nuestros pueblos. Hay personas que pierden sus casas, profesionales jugándose la vida frente a las llamas y miles de ciudadanos contemplando impotentes cómo desaparece en horas lo que ha tardado décadas en crecer.
Y mientras tanto, ¿qué hacemos?
Buscar culpables.
El Gobierno culpa a unos. La oposición culpa al Gobierno. Unos señalan a las comunidades autónomas, otros al Estado. Unos hablan de cambio climático, otros de falta de limpieza y gestión de los montes, otros de falta de medios, otros de prevención…
Y probablemente haya responsabilidades, errores y muchas cosas que investigar. Pero habrá tiempo para exigirlas.
Ahora lo que necesitamos son SOLUCIONES.
Necesitamos coordinación entre administraciones. Prevención durante todo el año. Gestión forestal. Medios suficientes. Profesionales con recursos. Políticas contra el abandono rural. Planificación. Inversión. Y, sobre todo, una estrategia de país que no cambie dependiendo de quién gobierne.
Porque los incendios no entienden de siglas.
Me produce una enorme tristeza escuchar las noticias en un medio y después escuchar las mismas noticias en otro y tener la sensación de que me están contando dos países completamente diferentes.
Eso es gravísimo.
Cuando la información, la tragedia y hasta las emergencias terminan interpretándose según el color político, la credibilidad de nuestras instituciones y de nuestra propia democracia se deteriora.
No quiero que un político me explique quién tiene la culpa mientras el monte está ardiendo.
Quiero que me explique qué vamos a hacer para que el próximo incendio encuentre una España mejor preparada.
Quiero saber qué se hará mañana, en octubre, en enero y en marzo, cuando ya no haya cámaras grabando las llamas.
Gobernar no consiste únicamente en gestionar una emergencia cuando llega.
Gobernar también significa trabajar para evitarla.
Y oposición tampoco debería significar aprovechar cada desgracia para desgastar al que gobierna y sumar unos cuantos votos en las próximas elecciones.
Basta ya de convertir absolutamente todo en una batalla electoral.
Menos titulares.Menos reproches.Menos “y tú más”.Menos cálculo electoral.
Más prevención.Más coordinación.Más inversión.Más gestión.Más responsabilidad.Y, sobre todo, más política de verdad.
Porque cuando un país está ardiendo, preguntarnos primero “¿de quién es la culpa?” en lugar de “¿qué podemos hacer juntos para solucionarlo?” demuestra que tenemos un problema mucho mayor que los propios incendios.
Esto tiene que cambiar. Y tiene que cambiar radicalmente.















