Hoy he vivido uno de esos momentos que, profesional y personalmente, tienen un significado especial.
He vuelto a Alburquerque junto a mi mujer y mis hijos para visitar el Centro de Interpretación del Medievo, un enorme espacio museístico que tuve la oportunidad de diseñar y musealizar, dedicado al Medievo y a los castillos de Extremadura.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces.
Recuerdo perfectamente aquel trabajo: muchas horas de diseño, documentación, planificación, montaje y muchos viajes a Alburquerque. Fue un proyecto largo y ambicioso, cuidado hasta el último detalle, con una enorme cantidad de información y concebido para ofrecer al visitante una experiencia que estuviera a la altura del extraordinario patrimonio histórico de esta localidad.
Por eso, volver hoy y encontrarlo abierto al público ha sido una enorme satisfacción.
Además, hemos tenido la oportunidad de conversar con el guía turístico, que nos ha explicado algunas de las circunstancias por las que este espacio permaneció cerrado durante tantos años y las dificultades que todavía existen para acometer mejoras y disponer de los medios necesarios para explotarlo turísticamente como merece.
Y precisamente ahí llega también mi reivindicación.
Al recorrer nuevamente el centro me he encontrado con una ausencia que, para mí, afecta directamente a la esencia con la que fue concebido.
Faltan los dos grandes y potentes proyectores que formaban parte fundamental de la musealización original.
Aquellos proyectores mostraban los castillos de Extremadura sobre dos enormes pantallas situadas en altura. Y no estaban allí por casualidad.
Formaban parte del propio concepto museográfico.
La intención era que el visitante tuviera que levantar la mirada para contemplar nuestros castillos, exactamente igual que hacemos cuando nos encontramos ante una fortaleza real.
Era una forma de generar escala, monumentalidad, inmersión y emoción.
Hoy esos proyectores ya no están allí. Desconozco el motivo exacto o si han sido destinados a otros espacios de Alburquerque, pero considero que deberían recuperarse para el Centro de Interpretación porque formaban parte esencial del proyecto y de la experiencia para la que fue diseñado.
Y esta publicación no pretende quedarse únicamente en una denuncia.
Es, sobre todo, una llamada a cuidar aquello que ya tenemos.
Desde aquí quiero animar al Ayuntamiento de Alburquerque y a la Junta de Extremadura a apostar por este espacio, recuperar plenamente su concepto museográfico y dotarlo de los medios y mejoras que necesite.
Porque Alburquerque posee un conjunto extraordinario: un centro dedicado al Medievo y a nuestros castillos situado junto a uno de los grandes referentes patrimoniales de Extremadura, el impresionante Castillo de Luna.
Y hay público para ello.
Solamente durante el tiempo que hoy hemos permanecido allí, más de 30 personas hemos coincidido visitando el centro.
Eso también debería hacernos reflexionar sobre su potencial.
Me fui de Alburquerque con sentimientos encontrados, pero fundamentalmente con orgullo y satisfacción.
Orgullo por volver, años después, a un espacio en el que dejé tantas horas de trabajo y creatividad.
Satisfacción por poder enseñárselo hoy a mis hijos y decirles:
“Esto lo diseñé yo.”
Y esperanza de que entre todos consigamos que este proyecto continúe el camino para el que fue concebido: convertirse, junto al Castillo de Luna, en un verdadero referente cultural y turístico de Alburquerque y de Extremadura.
Nuestro patrimonio no solo hay que crearlo y recuperarlo. Hay que mantenerlo, cuidarlo y hacerlo vivir. 🏰















