El pasado mes de septiembre, 600 estudiantes españoles, entre ellos la fuentecanteña Lola Palacios, emprendían una aventura ilusionante. Tras pasar una durísima selección, entre 12.000 aspirantes, estos jóvenes marchaban a estudiar el equivalente a Primero de Bachillerato, unos a Canadá, como el caso de Lola, otros a Estados Unidos, becados por la Fundación Amancio Ortega. Todos entendían que era una oportunidad única para vivir una experiencia irrepetible. Tras los lógicos problemas de adaptación, con cuestiones como la prohibición de recibir visitas de familiares o viajar a España en Navidad, se fueron aclimatando y disfrutando al máximo de la experiencia.

Sin embargo, el coronavirus lo ha trastocado todo. Tras pasar de epidemia a pandemia, desde la Fundación que comanda el mecenas gallego se valoró dar elegir a los estudiantes entre quedarse en los lugares a los que habían sido enviados o volver, pero finalmente se tomó la decisión de repatriarlos a todos, ya que las actividades lectivas han quedado suspendidas sin fecha de reanudación tanto en Canadá como en Estados Unidos.

El temor era que en breve se decrete una prohibición total de vuelos, de manera que los estudiantes se viesen atrapados en su destino sin saber cuándo volverían, incluso más allá del periodo becado, que es de diez meses.

Quedaba ahora por resolver cómo se haría la vuelta. Buscarles vuelos convencionales resultaba muy complicado, puesto que las compañías han limitado ya mucho sus operaciones. Así, Amancio Ortega ha decidido coger el toro por los cuernos y resolver la situación de raíz: ha fletado dos aviones que hoy mismo partirán desde Estados Unidos y Canadá para traer de vuelta a los 600 jóvenes.

La iniciativa del empresario gallego, tanto la de las becas como la de asegurar que los estudiantes volvían con todas las garantías, se une a otras de corte solidario como las de comprar equipos de lucha contra el cáncer para la sanidad pública, y, en el caso concreto de la actual crisis sanitaria, adquirir mascarillas, equipos de protección y respiradores para que el gobierno los distribuya y poner a disposición del gobierno su red logística de reparto para hacer llegar los equipos de manera rápida a cualquier punto.

Aunque estas iniciativas han recibido el aplauso general y el reconocimiento de la sociedad, también ha habido críticas mezquinas, inspiradas por la ignorancia, la maldad o la pura envidia, entre las cuales figuran que ‘da poco para lo que tiene’ (cuando, en realidad, no tiene obligación de dar nada) o que no paga impuestos (cuando en realidad su actividad en España genera 1.682 millones de euros anuales para las arcas públicas, entre ellos los correspondientes al 21,82% de impuesto sobre beneficios). Lo llamativo de estas críticas es que provienen de personas o entidades que nunca han destacado por sus aportaciones solidarias, y se limitan a difundir bulos ocultos tras un teclado.